Tuesday, May 12, 2015

Esperando...

De un tiempo para acá me han interesado mucho las pruebas de personalidad, tal vez por mi necesidad de conocerme mejor a mí misma y de comprender un poco mejor a los que me rodean. Entre mis muchas cualidades, fortalezas y debilidades está el de ser una planeadora. El que me conoce sabe que no tengo mi closet o escritorio muy organizado que digamos pero sí me gusta planear qué hacer, adónde ir, cuándo, cómo y con quién. Me gusta tener las cosas decididas, metas claras, una dirección y un plan de acción. Me gusta tener control de mi futuro. Pero hay veces que no puedo planear las cosas porque dependen de alguien más o algo más y no de mí. Y me toca esperar... Y me frustra porque no sé lo que va a pasar. Y mi mente comienza a pensar: y si no sucede esto, entonces tengo que hacer esto otro, pero no puedo hacer eso aún porque no sé el resultado de esto...y mientras tanto estoy perdiendo el tiempo... ¡Ahh qué frustrante!
Así me he sentido muchas veces en distintas etapas de mi vida, por ejemplo: cuando tuve que esperar a que me dijeran si me habían aceptado en la universidad y si obtenía la beca; cuando tuve que esperar a ver si obtenía el trabajo luego de las múltiples entrevistas; cuando tuve que esperar por la visa de trabajo; cuando tuve que esperar los resultados de un examen a ver si lo pasaba; y hasta cuando tuve que esperar a que mi ahora esposo me pidiera ser su esposa.
En todas estas ocasiones yo tenía que ser paciente y esperar. El problema es que cómo me cuesta vivir con la incertidumbre de no saber lo que va a pasar. Pero luego recuerdo que debo esperar en Dios y que su palabra dice:
11 Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor —, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.12 Entonces ustedes me invocarán, y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé.13 Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón.
(Jeremías 29:11-13, NIV)
Por lo tanto, aunque yo no pueda controlar lo que no depende de mí, sí puedo controlar mi actitud, puedo buscar más a Dios, puedo ser más paciente y positiva y puedo disfrutar más de la vida. Y cuando venga la angustia a mi mente, puedo poner esos pensamientos a un lado y recordar que Dios está en control y que no debo dejar que nada ni nadie me robe mi paz.
Sinceramente,
Valerie

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